Lutero se inscribió en la Universidad de Erfurt en 1501. En 1505 empezó a estudiar derecho, como quería su padre. El 2 de julio de 1505, una tormenta eléctrica muy fuerte lo sorprendió en el camino, cerca del pueblo de Stotternheim. Un rayo cayó tan cerca que lo tiró al suelo, y él le gritó aterrado a santa Ana, la santa patrona de los mineros: “¡Ayúdame, santa Ana! Me haré monje”. Dos semanas después, para furia de su padre, cumplió su promesa y entró al monasterio agustino de Erfurt.
Los años que siguieron no fueron tranquilos. Lutero se entregó por completo a la vida de monje: ayunos, confesión, largas horas de oración. Quería estar seguro de su situación ante Dios, y esa seguridad nunca llegó. Se confesaba sin parar, a veces durante horas, aterrado por pecados que ni siquiera podía nombrar. Fue aquí, guiado por su mentor Johann von Staupitz, donde empezaron a formarse las preguntas que con el tiempo lo llevarían a Wittenberg.